Respeto por Orlando Castro sign now

Cada uno de nosotros debe mucho a lo que es por su temprana formación. Los padres, los amigos y los profesores de los primeros años de la vida contribuyen para crear el conjunto de valores, formar nuestra visión del mundo y de la vida, y en esencia, y para hacernos las personas que somos.

Somos afortunados quienes tuvimos la oportunidad de conocer en nuestros años de colegio a un docente que haya contribuido a hacernos personas. Ese tipo de profesores que no les interesa que los quieran por dar buenas notas, o por hacerles la vida fácil a los alumnos, sino todo lo contrario. Esos que buscan, esencialmente, que uno aprenda más allá de lo obligatorio y que el conocimiento sea útil. Los que en realidad forman estudiantes.

Para varias generaciones de alumnos del Columbus School, uno de esos profesores es Orlando Castro. Y no lo es tanto por lo que sabía acerca de las materias que enseñaba (que es muchísimo), sino por el alto nivel y exigencia con la que se empeñaba en dictarlas, y porque tiene una verdadera vocación de maestro y su mayor interés es pasar su conocimiento de la forma más clara posible.

Este tipo de personas son absolutamente valiosas para una institución educativa, en especial en una que puede ser tan permisiva académicamente como el Columbus School. Pero en vez de aprovechar el inmenso potencial de enseñanza y de formación que Orlando representa, una serie de enfrentamientos con la administración actual hizo que Orlando se tuviera que ver relegado a un segundo plano, en un sitio donde no podía usar toda su capacidad de enseñanza. Primero fue pasar de Física Avanzada a Física General. Y aunque uno pensaría que esto sería para el bien de los estudiantes avanzados, fue reemplazado por un profesor americano con muchísima menos experiencia. Luego ni siquiera pudo dictar física, la materia de su especialidad, y se vio relegado a matemáticas. Hasta que recientemente, a Orlando le pidieron la renuncia en el transcurso del año escolar, faltándole apenas 3 años para jubilarse de una vida de trabajo en el colegio. Al no haber justificación para sacar a Orlando del Colegio, el sigue vinculado dedicado a análisis estadísticos de encuestas varias, mientras un reemplazo dicta sus clases.

Personalmente, se me hace increíble que esto esté pasando el colegio.

A diferencia de los esquemas educativos norteamericanos, en la clase con Orlando no era suficiente el uso mecánico de una fórmula. Para ganar uno de esos exámenes uno necesitaba entender el concepto, analizar el problema al fondo y luego usar todas las herramientas matemáticas a la mano. Estas clases nos hacían entender que las matemáticas no son simples juegos de lógica para entretener y atormentar estudiantes, sino que eran en realidad herramientas aplicables para resolver problemas complejos. Para muchos exalumnos convertidos en ingenieros, fue el primer contacto real con la ingeniería y una ventaja gigante los primeros semestres, donde la habilidad que requerida para resolver problemas lógico-matemáticos ya estaba en parte desarrollada.

Nadie, en lo que recuerdo de las épocas colegio, salía bien librado de los exámenes de Orlando. Estos exigían estudio, entendimiento y muchísima concentración. Aunque en otras materias adquirimos conocimientos de álgebra, trigonometría y matemáticas, nunca los afianzamos tanto como estudiando para un examen de física. Orlando exigía pensar a unos alumnos que no estaban acostumbrados a ellos. Si bien el Columbus School es capaz de proveer una buena educación, esta educación es sólo para quienes deciden tomarla. Lastimosamente, la ley del menor esfuerzo es algo que los estudiantes del colegio aplican a cada momento. En mi época, y creo que ahora es más dramático, para perder el año en el colegio era necesario un verdadero esfuerzo. Casi literalmente, uno podía no hacer nada y pasar el año. Esta situación, aparte de bajar significativamente el nivel académico del colegio, produce una cantidad de alumnos que no están preparados ni con bases fuertes en las distintas asignaturas y que no están acostumbrados a esforzarse en sus estudios.

En este momento no existe ningún tipo de reclamación por los estudiantes actuales por el trato a Orlando, es poco probable que los alumnos reclamen porque saquen al profesor de los exámenes difíciles, y mucho menos a aquel que les hace poner en práctica todo lo que no aprendieron en años pasados. Les hace falta crecer un poco para ver que en realidad están desechando una oportunidad única de crecimiento intelectual y académico, simplemente por hacerse la vida más fácil un tiempo y llegar con mejores notas, pero con menos calidad de conocimiento donde sus padres. Los padres por su parte, se mantienen felices y tranquilos porque su hijo tiene buenas notas y debido la confianza depositada en el Colegio y en su nivel académico, no se dan cuenta que aunque un alumno haya tenido un sobresaliente, no tiene méritos para dicha nota. A la hora de la verdad, estos estudiantes se terminan estrellando en la Universidad.

Es una lástima para los alumnos actuales y los venideros no contar con un profesor como Orlando Castro. Los alumnos actuales no tuvieron la oportunidad de conocerlo como docente y como persona, la administración actual no dejó que estos estudiantes lo aprovecharan.

Para terminar, como exalumno me tomo la facultas de protestar por el trato que se le está dando al Profesor Orlando Castro. Si la administración de The Columbus School tuviera un poco de sentido común y de respeto ante el trabajo profesional docente, no habría tomado las medidas que ha tomado los últimos años con Orlando, no le hubiera quitado la actividad de enseñanza a la que ha dedicado su vida. Si el colegio en realidad se evaluara internamente y mirara su evolución a los largo de sus 60 años de existencia, lo que debería hacer es organizar un homenaje de agradecimiento a un hombre que le dedico su vida, y que marcó la educación de tantos exalumnos que son motivo de orgullo del colegio. Orlando merece ser recordado entre los grandes profesores que hizo el colegio lo que es hoy, como Fabio Correa. Considero que lo que pasa actualmente, es una verdadera falta de respeto.

Por las razones expuesta en esta comunicación, los exalumnos del Colegio Cristóbal Colón -The Columbus School pedimos una revisión exhaustiva y detallada del caso de Orlando Castro por parte de la Junta Directiva del Colegio.

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