Por el respeto a los gobiernos de América Latina - Por el fin de las articulaciones golpistas contra presidentes legítimamente electos por el pueblo sign now

Nuestra Carta a Obama - Por el respeto a los gobiernos de América Latina, por el fin de las articulaciones golpistas contra presidentes legítimamente electos por el pueblo.

Nuestra Carta a Obama

Estados Unidos debe abandonar sus pretensiones de ser un imperio mundial al que le cabe velar por el orden imperialista en el mundo. Debe dar espacio para que progrese el espacio de un mundo multipolar, en el que todos los países participen de las decisiones fundamentales.

Carta Maior

Su gobierno pretende rescatar la imagen de Estados Unidos en el mundo y cambiar la relación de su país con América Latina. Es necesario que usted sepa que la imagen de su país en el mundo es la imagen de la mayor potencia imperial de la historia de la humanidad. Que a la horrible imagen de potencia intervencionista en el destino de otros países, de explotadora de sus riquezas a lo largo de todo el siglo pasado, se sumó, en el siglo XXI, la política de "guerras humanitarias", invasiones que esconden muy mal los intereses de explotación y opresión de otros territorios y pueblos, política de la cual Irak y Afganistán son los ejemplos más recientes.

No basta retirar inmediatamente las tropas de Irak - aunque eso es un comienzo indispensable para el rescate propuesto. Es necesario hacer lo mismo con Afganistán y, además, dejar de apoyar la ocupación israelí a los territorios palestinos, reconociendo el derecho a la existencia de un estado palestino soberano. En el caso de América Latina, es imprescindible terminar la Operación Colombia, que militariza los conflictos en ese país, y que los provoca, con graves riesgos de que se produzcan crisis regionales, como consecuencia de la dinámica belicista del Ejército y del gobierno colombiano.

Para demostrar que que ha cambiado de actitud, Estados Unidos debe, sobre todo, terminar definitivamente el bloqueo a Cuba, desactivar su base de interrogatorios ilegales y torturas en la base de Guantánamo y devolver ésta, incondicionalmente, a Cuba, terminando con la prepotente y jurídicamente insostenible usurpación de ese territorio cubano, que ya dura más de un siglo. Debe restablecer relaciones normales entre los dos países, respetando las opciones del pueblo cubano en la definición soberana de su destino.

Estados Unidos debe reconocer públicamente el grave error de haber apoyado el golpe militar de abril del 2002 contra el presidente Hugo Chávez, legítimamente electo y reelecto por el pueblo venezolano. Debe suspender definitivamente las articulaciones golpistas en ese país, en Bolivia y en el Ecuador y comprometerse, públicamente, a no volver a desarrollar actividades de injerencia en los asuntos internos de otros países.

Si quiere tener relaciones cordiales con América Latina, el nuevo gobierno de Estados Unidos debe destruir inmediatamente el muro en la frontera con México, legalizar la situación de los trabajadores inmigrantes en estados Unidos y favorecer la libre circulación de las personas, así como ha defendido la libre circulación de mercaderías y capitales.

Además, Estados Unidos debe dejar de utilizar organismos internacionales, como la OMC, el FMI y el Banco Mundial, para propagar e intentar imponer sus políticas, las mismas que llevaron al fracaso de los gobiernos que siguieron sus recetas, así como a la crisis financiera internacional que hoy se expande por el planeta. Los países de América Latina y del Sur del mundo deben tener libertad para encontrar sus propias alternativas y soluciones a la crisis, generada en los Estados Unidos, que debe asumir sus responsabilidades y no permitir que sus efectos negativos sean exportados.

Si quiere volver a ser respetado, Estados Unidos debe dejar de tratar de favorecer o de forzar la exportación de sus medios de comunicación, de su industria cultural, de su forma de vida, que puede ser buena para Estados Unidos, pero puede ser nefasta para otros países. Esas fórmulas, muchas veces impuestas, favorecen formas dictatoriales de prensa, formas estereotipadas de ver el mundo, modos consumistas de vivir. Que Estados Unidos deje que cada país escoja sus formas de pensarse a sí mismo, de ver el mundo, de vivir y de producir arte y cultura.

Si usted quiere hacer un gobierno diferente, debe abandonar cualquier idea de querer imponer lo que Estados Unidos considera que es democrático: que cada país, cada pueblo, defina su propio camino. Estados Unidos ni inventó la democracia, ni es más democrático que muchos otros países.

Estados Unidos debe abandonar sus pretensiones de ser un imperio mundial al que le cabe velar por el orden imperialista en el mundo. Debe dar espacio para que progrese el espacio de un mundo multipolar, en el que todos los países participen de las decisiones fundamentales. En este sentido, debe apoyar el fin del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, debe dar lugar a la democratización de ese organismo. Debe obedecer las decisiones de la ONU de terminar el bloqueo contra Cuba, a favor del derecho del pueblo palestino a un estado propio e independiente, entre tantas otras decisiones, bloqueadas por el veto norteamericano. Si vetos de otros países existen, eso debe ser combatido mediante la suspensión universal del derecho a veto.

En suma, si Estados Unidos quiere reconquistar el respeto de los otros pueblos del mundo, si quiere rescatar la imagen de su país, que se encuentra deteriorada, debe considerarse como un país entre otros, y a éstos como iguales, no como una potencia escogida para la misión de imponer el orden imperial y los intereses capitalistas en el mundo. Debe respetar las decisiones tomadas por otros pueblos en el sentido de escoger caminos antiimperialistas y anticapitalistas. Debe firmar el Protocolo de Kyoto, aceptando reducir sus emisiones de gases contaminantes, condición básica para iniciar una nueva etapa en la lucha contra la destrucción ambiental en el planeta. Debe reducir su presupuesto militar, destinando esos fondos al terreno social. Debe combatir los monopolios privados de comunicación, la industria del tabaco, la de la seguridad paramilitar, debe colocar como su objetivo principal el construir una sociedad justa, empezando por la de su propio país, aquella en que, entre las del centro del capitalismo, la desigualdad más ha crecido en los últimos anos.

Si usted hace todo esto, o al menos se mueve en esa dirección, pensamos que podrá contar con el respeto y con relaciones cordiales por parte de los gobiernos populares y de los pueblos de América Latina.

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Brad WoodwardBy:
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