Manifiesto psiconбutico sign now

MANIFIESTO PSICONБUTICO

Igor Domingo Sacristбn



Introducciуn



El navнo de la psique se prepara para zarpar con rumbo a la gnosis. La navegaciуn por la mente, no constreсida por las fronteras que imponen espacio y tiempo, constituye una vнa alternativa de utilizaciуn de unas sustancias demonizadas por la doble moral, que se lucra a su costa y se divierte con ellas pero las vilipendia pъblicamente. Lejos del contexto recreativo (aunque no por ello renunciando al componente lъdico del recorrido), el psiconauta se enfrenta a sus propios temores, expande su conciencia, diluye su ego y se ensambla con el todo, accediendo a otra dimensiуn de la realidad. Se trata de un viaje al interior cuya meta es el autoconocimiento: la sabidurнa de la incertidumbre.



En soledad o cuidadosamente acompaсado, lejos de mundanales griterнos, en su casa o en la naturaleza, el psiconavegante, en un acto de higiene mental, profundiza en su cerebro, dialoga con su subconsciente, reflexiona, experimenta su propia muerte y renace. Unos otorgan mбs importancia a la asimilaciуn posterior de la experiencia que al viaje en sн, otros prefieren extasiarse ante el infinito como forma de evadirse de un presente vertiginoso, sin pretensiones de comprensiуn. Unos y otros, partidarios de Hofmann y acуlitos de Leary, occidentales y orientales, chamanes modernos y devotos de tradiciones ancestrales, todos ellos comparten su aficiуn por la ingesta de sustancias modificadoras de la consciencia, ya sean plantas, hongos o drogas sintetizadas en un laboratorio. En ese recoveco de la cogniciуn no existen contornos ni lнneas divisorias. Hay quienes defienden la licitud moral de otras vнas mбs laboriosas aunque del mismo modo respetables: meditaciуn, respiraciуn holotrуpica, etc. La esencia es la misma: las drogas sуlo suponen un atajo maquiavйlico, una forma de tecnologнa que agiliza el proceso.



Asimismo, hay quienes pretenden recrudecer discusiones etimolуgicas sobre el tйrmino mбs adecuado para nombrar a estos compuestos: alucinуgenos, psicodйlicos/psiquedйlicos, enteуgenos En cualquier caso, las llame como las llame, les conceda un carбcter sagrado o no lo haga, quien ha probado estas sustancias entrevй una misma verdad, dotada de una espiritualidad que trasciende cualquier religiуn, despertando el misticismo interior de cada individuo, mбs allб de la interpretaciуn que йste quiera otorgarle. Quienes optan por las drogas naturales olvidan que todo, en ъltimo tйrmino, procede de la naturaleza y que muchos de los venenos mбs potentes son a su vez naturales. Sintetizar lo positivo descartando lo no deseado no implica un perjuicio mayor. La relativamente escasa toxicidad de la mayorнa de estos elixires visionarios asienta sus riesgos en el plano psicolуgico. Por ello, conviene no perder nunca el respeto a las experiencias, con o sin veneraciуn hacia la droga, de manera frнvola o con recato, pero siempre desde una cierta madurez intelectual que permita eludir el naufragio. El psiconauta avezado sabe sortear con maestrнa los primeros atisbos de un mal viaje y esquivar los obstбculos del abrupto terreno en el que se desenvuelve: sуlo la prбctica reiterada ―ensayo y error― permite cultivarse en tan venerable disciplina.



Por lo tanto, no podemos de antemano establecer lнmites a la psiconбutica, abarcando lo inabarcable, pues se trata de una disciplina personal sometida a tantas subjetividades como individuos la practican. El peregrinaje por la razуn no esconde seсales ni itinerarios definidos; tampoco hay planos que orienten en el rastreo de nuevas dimensiones: los escalones hacia el encuentro con uno mismo varнan de un cerebro a otro. Sуlo podemos acercarnos, con sigilo, a su esencia y establecer unas pautas de uso comъn, lejos de supersticiones y tajantes axiomas. Servir de nexo que conjugue opiniones enfrentadas con un interйs mutuo: el respeto de la libertad individual y el inalienable derecho a la autonomнa sobre el propio cuerpo.



El colectivo de psiconautas en particular y de consumidores de drogas en general adolece de una enorme falta de cohesiуn: cada uno alaba las bonanzas de lo que йl consume y critica lo demбs, sin reparar en que todos los compuestos fiscalizados se encuentran en un mismo saco, mбs allб de sus propiedades particulares. Del mismo modo, para combatir la hipocresнa de la doble moral, se hace necesario que un amplio nъmero de ciudadanos usuarios de drogas ilegales salga del armario y declare pъblicamente y sin miedo su utilizaciуn responsable de sustancias al margen de la legalidad. Si en algo aъn no han triunfado las drogas es en la gestaciуn de una subversiуn real y mayoritaria, mбs allб de gratuitas transgresiones. Estos compuestos, al interactuar con los neurotransmisores cerebrales, nos ofrecen perspectivas diferentes de la realidad, permitiйndonos cuestionar el pensamiento ъnico, reparando en que tal vez lo que nos cuentan no responda a la verdad. No podemos despreciar su poder; al contrario, deberнamos utilizarlo como herramienta para la construcciуn de alternativas a este suicidio colectivo. Violar sin miramientos todas las normas y leyes injustas, demoler doctrinas y fanatismos, reivindicar la propia identidad y alcanzar espacios de emancipaciуn. Los dadaнstas lo llamaban amнquйmeimportismo: una manera de vivir en la que cada cual conserva sus propias condiciones respetando, salvo en caso de defensa, las otras individualidades. Hay que aprender a reнr: reнrse de uno mismo, de la vida, de la muerte, de la ortodoxia y la seriedad, de todos los sectarismos. Una sociedad jamбs podrб madurar desde la reprimenda, con un Estado que trata a sus ciudadanos como a niсos pequeсos sin capacidad de decisiуn.



En definitiva, quienes firmamos este manifiesto nos declaramos consumidores responsables de sustancias psicoactivas, ya sea con objetivos lъdicos, terapйuticos o espirituales, en absoluto identificados con el trato recibido por parte de los medios de comunicaciуn ―segъn los cuales las ъnicas relaciones posibles con las drogas ilegales son la dependencia y el abuso―, y reclamamos que, al igual que cumplimos con nuestros deberes como ciudadanos, se respete nuestro derecho a la libertad de introducir en nuestro propio cuerpo lo que nos plazca. Hartos de que se nos manipule con maniqueos argumentos y enemigos inventados, hasta la coronilla de que se utilice a los menores de edad o a los consumidores problemбticos como absurdo pretexto para mantener viva la injusticia. Exigimos otra polнtica de drogas, no represiva y preocupada realmente por la salud pъblica y por los consumidores, que se aleje de intereses econуmicos y deje de generar ingentes cantidades de dinero negro atiborrando las prisiones de delincuentes sin vнctimas. Que no se vuelva la espalda a la realidad: las drogas existen y seguirбn existiendo mientras persista la demanda. Solicitamos, a su vez, que no se establezcan impedimentos burocrбticos o legislativos a la investigaciуn con unos compuestos que se utilizan con asiduidad y que, en muchos casos, gozan de una innegable capacidad terapйutica. Del mismo modo, pedimos que se fortalezcan las estrategias de reducciуn de riesgos y que se dote a los consumidores de la capacidad para integrar las drogas en la vida cotidiana. Como personas maduras y plenamente responsables de nuestros actos, demandamos el mismo trato que reciben el resto de los ciudadanos, que los discursos oficiales cejen en su empeсo de persuadirnos de la no conveniencia de nuestras decisiones. Las drogas suponen hoy el mismo tabъ que hasta hace unos aсos acarreaba el sexo: ya es hora de desprenderse del estigma social de una conducta que nos ha acompaсado desde los albores de la humanidad.





Manifiesto



Como ciudadanos mayores de edad, en plenas facultades fнsicas y mentales, perfectamente responsables de nuestros actos, declaramos:



1. Que el ser humano es soberano, individualmente, para hacer con su cuerpo lo que considere conveniente, siempre y cuando no coarte la libertad de otros individuos.



2. Que toda persona tiene el derecho de investigar voluntariamente sobre su propio cerebro el efecto de las sustancias que la naturaleza le proporciona, mбs allб de consideraciones legales en gran medida alejadas del conocimiento cientнfico.



3. Que el paternalismo a que los gobiernos someten el cuerpo de cada sujeto constituye un delito contra su libertad y estб basado en intereses econуmicos y de subordinaciуn. El experimento de la prohibiciуn, justificado en la preservaciуn de la salud pъblica y en un afбn de control de las sustancias, ha supuesto el efecto contrario al que originalmente pretendнa: merma de la salud pъblica (adulteraciones, contagios, mayor toxicidad de las drogas legales, aumento del nъmero de usuarios, etc.) y un descontrol difнcil de reparar debido a las desorbitadas sumas de dinero negro puestas en circulaciуn, con el consiguiente impacto en especulaciуn inmobiliaria, corrupciуn polнtica, mafias, etc.



4. Que los representantes polнticos son culpables de causar dolor al delinquir contra la salud pъblica, imposibilitando la investigaciуn y el consumo de plantas y sustancias que pueden resultar beneficiosas para el desarrollo de la persona y la sociedad. En ese sentido, deben exigirse responsabilidades por el fiasco mayoritario que han supuesto las polнticas sobre drogas, asн como abrir un debate pъblico donde se pongan sobre la mesa opciones alternativas viables, empezando por la despenalizaciуn de la adquisiciуn, tenencia, fabricaciуn, empleo y cultivo de todas las drogas ilegales.



5. Que el Estado tiene la obligaciуn de facilitar informaciуn verнdica y datos de pureza contrastada cientнficamente sobre cualquier sustancia que el individuo quiera probar, velando en esta informaciуn por la seguridad y el bienestar de cada uno de sus ciudadanos.



6. Que las culturas, religiones y rituales asociados a las diferentes sustancias merecen el mismo respeto que cualquier otra disciplina, debiendo permitirse su desarrollo con plena libertad. La heterodoxia de los consumidores tiende a diluir barreras sociales mediante el culto al dios interior, estableciendo una relaciуn de respeto con el entorno, la naturaleza y el resto de individuos.



7. Que la educaciуn es la base fundamental sobre la que se apoya el edificio de cualquier sociedad, siendo necesario para el sujeto y la propia colectividad un flujo de informaciуn cientнfica y experiencial que permita que el individuo, al igual que elige una religiуn, pueda adoptar la cultura que una u otra sustancia proporciona.



8. Que las polнticas sobre drogas han de tener en cuenta a los consumidores para construir una sociedad integradora, reducir los riesgos y evitar los daсos que pudieran derivarse de un uso incorrecto de las sustancias, empezando por la derogaciуn inmediata de todos los convenios y convenciones internacionales antidroga: Convenciуn Ъnica de Estupefacientes (1961), Convenio sobre Sustancias Psicotrуpicas (1971) y Convenciуn de la ONU contra el Trбfico Ilнcito de Estupefacientes (Viena, 1988). En el caso concreto de Espaсa, un buen comienzo serнa revocar algunos artнculos de la ley Corcuera (L.O. 1/92 de Protecciуn de la Seguridad Ciudadana), sobre todo aquellos que atropellan a los consumidores con abusivas sanciones: artнculos 25.1 y 23.h, principalmente.



9. Que los gobiernos mundiales han de interrumpir su celosa labor de rechazo a todas aquellas sustancias y medicamentos susceptibles de producir placer, razуn por la cual, no lo olvidemos, se consumen con asiduidad. Asimismo, en la gestiуn del dolor debe primar la eficacia cientнfica por encima de consideraciones de нndole polнtica y/o econуmica.



10. Que la prohibiciуn de enteуgenos y otras drogas constituye una prбctica econуmicamente ruinosa, ineficaz y anticientнfica, que fomenta y propaga enfermedades venйreas, impide la investigaciуn biomйdica y corrompe a la sociedad obstaculizando el sistema judicial. Las sustancias causantes de ebriedad han sido legalmente utilizadas, de manera natural, durante miles de aсos, sin suscitar el mayoritario problema que suponen en la actualidad. En consecuencia, exigimos que los ingentes fondos econуmicos ―pagados con nuestros impuestos― que actualmente se destinan a la represiуn sean utilizados con fines constructivos, en aras de la normalizaciуn y regulaciуn definitiva de las drogas, que engrosarнan las arcas del Estado con sus gravбmenes, ofreciendo a los usuarios garantнas y controles de calidad sobre los productos consumidos.





Justificaciуn



Lejos de acometer el fomento o la condena del consumo de drogas ―que debe constituir una decisiуn libre y madurada individualmente―, queremos incidir en las nefastas consecuencias que han supuesto las leyes contrarias a su consumo en el бmbito mundial. Frente a su funciуn teуrica como instrumento de la voluntad popular, la legislaciуn se ha empleado en la prбctica como arma de la mayorнa para criminalizar a las minorнas, distanciбndose en muchos casos del objetivo ideal de justicia. Se trata de una intromisiуn en la libertad personal que, para colmo de males, no ha conseguido sino agravar el problema que pretendнa subsanar.



Excusada en la protecciуn de la salud pъblica, la prohibiciуn supone, sin embargo, desterrar a las sustancias de los procesos farmacйuticos de control de calidad, sin disuadir a la gran mayorнa de usuarios potenciales. Analizando los informes proporcionados por el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanнas (OEDT), se desprende una tendencia clara al aumento en los consumos, en el trбfico y en el nъmero de detenciones, sin que se pueda establecer relaciуn directa entre mayor represiуn y menor consumo. Asimismo, los costes para la salud pъblica del impacto de las drogas ilegales son нnfimos si los comparamos con los que acarrean las drogas legales, principalmente tabaco y alcohol. Del mismo modo, las tendencias de consumo reflejan que los consumidores de sustancias ilegales derivan progresivamente hacia hбbitos de consumo mбs saludables. Pese al enorme desembolso social de la prohibiciуn, los supuestos beneficios resultan prбcticamente insignificantes.



Por otra parte, la proscripciуn que sufren las drogas arrastra graves consecuencias ecolуgicas debido a los programas oficiales para la erradicaciуn de cultivos, con fumigaciones tуxicas que repercuten negativamente en el producto final y contaminaciуn descontrolada de amplias zonas de selva virgen. Al mismo tiempo, las inyecciones de productos procedentes del mercado negro tienen gran parte de culpa en la transmisiуn del sida y otras enfermedades. Como atestigua Jonathan Ott en su Pharmacotheon, en Estados Unidos y en Europa alrededor del 25\% de todos los casos de SIDA, principalmente entre heterosexuales y niсos, son resultado directo o indirecto de la administraciуn intravenosa de drogas.



Otro de los perjuicios a la salud pъblica es la detenciуn en seco de estudios e investigaciones sobre las propiedades terapйuticas de varios de los embriagantes prohibidos, como la LSD, comercializada originalmente por Sandoz y con interesantes aplicaciones en psicoterapia, ademбs de su contrastada valнa como analgйsico de larga duraciуn y coadyuvante en el tratamiento de pacientes con cбncer terminal. Sin embargo, su inclusiуn oficial en la Lista I la condena a la condiciуn de fбrmaco sin ninguna utilidad terapйutica aceptada. Pero el бcido lisйrgico no es el ъnico perjudicado: compuestos como el cannabis, la ketamina, la MDMA o la tan difamada heroнna, con aplicaciones mйdicas legales en paнses cientнficamente avanzados, han demostrado un amplio potencial como medicamentos. Una vez mбs, los intereses econуmicos se anteponen al conocimiento cientнfico, frenando asн el avance en la comprensiуn del funcionamiento del cerebro humano. De hecho, varias de las sustancias fiscalizadas son generadas de manera endуgena por nuestra materia gris (DMT, morfina, endocannabinoides), mientras que otras actъan por similitud con los neurotransmisores cerebrales. El hecho de que se prohнban principios activos presentes en el encйfalo de los mamнferos constituye una evidente paradoja rayana en el absurdo. Para colmo, la excesiva reglamentaciуn legal ha llevado a Estados Unidos a aprobar la Ley sobre Compuestos Anбlogos a Sustancias Controladas, que impide incluso el desarrollo de nuevas sustancias cuya composiciуn quнmica se asemeje a alguna de las drogas desautorizadas, aparte de convertir en ilegales todas las especies animales y vegetales del planeta, segъn los antojos del gobierno.



El principal problema del control sobre las drogas es que йstas se llevan utilizando universalmente desde el principio de los tiempos, se utilizan ahora y se utilizarбn en el futuro, por mucho que la ONU siga imponiйndose metas para su erradicaciуn mundial: la prуxima, en el 2008. Los datos disponibles no sуlo convierten en irrisorias sus predicciones, sino que obligan a replantear la eficacia de tan enorme inversiуn, en tйrminos sociales y econуmicos, con la infecunda tentativa de contrariar la voluntad de un creciente nъmero de ciudadanos adultos. Siempre que exista demanda persistirб la oferta. De hecho, el consumo de embriagantes constituye a su vez una actividad comъn entre los animales. Las leyes en este sentido no hacen sino pervertir el sistema, encareciendo los precios y auspiciando la adulteraciуn: el mayor beneficiario es, por lo tanto, el traficante, mientras que millones de consumidores sufren las consecuencias de un sistema que los trata como criminales.



Cualquier nueva iniciativa legal deberнa ser sometida a un anбlisis en tйrminos de eficacia y seguridad. En este sentido, la ley antidroga, que ni siquiera ha cumplido el siglo de vida, arroja cifras cada vez mбs preocupantes, mientras que los gobiernos eluden con insistencia su diagnуstico, que forzarнa el planteamiento de estrategias diferentes. En su lugar, se persevera en la pueril actitud represiva, cuyo logro no ha obtenido mбs que una eficacia marginal, en un absurdo intento por cambiar el comportamiento de la sociedad. Ademбs, la mayorнa de los esfuerzos represivos se centran en castigar al consumidor mбs que en reducir la oferta, lo que resulta sumamente ineficaz.



Por otra parte, una de las mayores vнctimas de la hipocresнa actual es la informaciуn, cuya transparencia se ha perdido en beneficio del sesgo moralista y la tergiversaciуn coactiva, provocando que muchos hayan retirado su confianza a las tesis oficiales, ampliamente cacareadas, ademбs, por los medios de comunicaciуn. Tanto la banalizaciуn de los riesgos derivados del uso de drogas como la exageraciуn de los mismos constituyen actitudes peligrosas y moralmente reprensibles.



Al prohibir ciertos tipos de drogas, los gobiernos no hacen sino promover el uso de otras, como el alcohol o la nicotina, cuya aceptaciуn social no se corresponde con su escasa peligrosidad: de hecho, ambas sustancias son causantes del 12\% de las muertes anuales en el mundo, segъn un estudio de la Organizaciуn Mundial de la Salud (Ginebra, 17 de marzo de 2004). Por su parte, drogas como la cocaнna, el opio, la marihuana y las anfetaminas, legalmente prohibidas, causan ъnicamente el 0,4\% de las muertes, como atestigua el mismo estudio. Lo mismo sucede en otras sociedades, como en algunos paнses musulmanes, donde se condena moralmente el alcohol pero se aceptan otras sustancias, como el hachнs y el opio. Las drogas socialmente aceptadas varнan, por tanto, de unas sociedades a otras, pero el problema sigue siendo el mismo.



Si analizamos la historia de la prohibiciуn, comprobaremos que йsta ha estado ligada histуricamente a prejuicios raciales y discriminaciуn de las minorнas: el opio, para frenar el progreso econуmico de los emigrantes chinos en EE UU; la cocaнna, por ser considerada una droga de negros, acusбndola de incitarlos a cometer violaciones; la marihuana, asociada en los aсos treinta a los emigrantes mexicanos pobres, se prohibiу porque el cбсamo hacнa competencia como tejido al nylon de DuPont, нntimo del presidente Nixon, lo cual marginaba aъn mбs a los chicanos.



Pero esto no es todo. Volviendo con Ott, un gobierno como el de Estados Unidos controlador de una lucrativa operaciуn que mueve billones fomentando el uso de drogas legales, mata a cientos de personas inocentes para detener a uno de sus antiguos empleados [], un gobierno que ha envenenado secretamente con LSD y otras drogas a incontables civiles, enfermos mentales y prisioneros, que ha filmado clandestinamente cуmo contribuyentes drogados se divertнan en la cama con prostitutas pagadas con dinero pъblico, que empujу a uno de sus funcionarios al suicidio poniйndole LSD en su cуctel, que no ha dudado en traficar con narcуticos y cocaнna, recaudando dinero sucio para acciones militares ilegales, contra la prohibiciуn expresa del Congreso, no tiene base moral alguna para prohibir ninguna droga.



La mayorнa de los problemas asociados a las drogas no son causa de las mismas, sino de su prohibiciуn, y las razones esgrimidas por drogabusуlogos y distribuidores de paranoia carecen de base cientнfica, aparte de centrarse en hipуtesis difнcilmente demostrables, como el hecho de que la legalizaciуn dispararнa el consumo. Sуlo hay que remitirse a los datos: Holanda, paнs que desde 1976 aplica una polнtica de tolerancia hacia los consumidores de cannabis, presenta un tercio menos de heroinуmanos que en Espaсa y la mitad de consumidores de cannabis (en ratio por mil habitantes). Tambiйn es el paнs europeo con menor tasa de contagio de VIH y otras enfermedades venйreas entre heroinуmanos: sуlo hay que comparar los diversos informes del OEDT.



Mo Mowlan, ex ministra por Irlanda del Norte y ex responsable de la polнtica sobre drogas del gobierno britбnico, afirmaba en un artнculo publicado en The Guardian el 9 de enero de 2003: Las drogas en este paнs son casi mбs fбciles de conseguir que el alcohol: la oferta de esas sustancias no estб limitada por regulaciones como las que limitan la venta de bebidas alcohуlicas; un nъmero importante de personas, sobre todo adolescentes y jуvenes, fuman marihuana y muchos consumen tambiйn йxtasis y cocaнna. No son delincuentes; son personas que usted conoce. Es gente que perfectamente podrнa estar sentada junto a usted en el trabajo, o viviendo en su casa. Y se les estб obligando a un contacto casi diario con el crimen organizado. їNo es una situaciуn delirante? Deberнamos encontrar algo de sentido comъn [] y empezar a pensar cуmo legalizar las drogas y cуmo despenalizar nuestra sociedad. Reconozcamos la realidad y empecemos por reducir la cantidad de presos que estбn saturando las prisiones. Empecemos a distribuir las drogas a travйs de establecimientos autorizados y debidamente regulados, donde, a diferencia de los traficantes callejeros de hoy, la posibilidad de tener que vйrselas con alguien que empuсa una pistola sea virtualmente igual a cero. Admitamos que lo estamos haciendo mal, dirigiendo nuestros miedos y prejuicios contra ciertas drogas para cumplir unas polнticas obcecadas que tienen efectos sociales nefastos.



Tambiйn en Espaсa se han alzado voces paralelas. Sin ir mбs lejos, Josй Marнa Mendiluce, en un artнculo publicado en El Paнs el 27 de marzo de 1995, afirmaba lo siguiente: El informe recientemente publicado por la Junta Internacional de Fiscalizaciуn de Estupefacientes [] constata que en el ъltimo aсo, siguiendo la misma tуnica que en aсos anteriores, se ha producido un marcado aumento del consumo de sustancias prohibidas, se han incrementado la violencia y la delincuencia, asн como la peligrosidad en la lucha contra el narcotrбfico, y, en lуgica consecuencia, se aboga, se exige casi, continuar con la polнtica de intolerancia, represiуn y victimizaciуn de millones de personas implicadas en la cadena de producciуn, distribuciуn, consumo y terapia que se ha ido tejiendo en torno a las drogas prohibidas. Es obvio que el camino emprendido desde que se iniciу, bajo los auspicios de Naciones Unidas y en el marco de los acuerdos de Ginebra de 1963, la senda de la prohibiciуn, ha demostrado no ser la vнa que conduce a la superaciуn del problema. Mбs bien de continuar con la actual polнtica de intolerancia y represiуn, este camino conduce a un abismo cada vez mбs profundo. El empeсo en no rectificar, por parte de los burуcratas y responsables polнticos de Naciones Unidas, se asemeja a una (involuntaria quizб) conspiraciуn perversa de estos expertos y dignatarios, que en su ingenua y utуpica ceguera quizб consigan que este abismo se vaya llenando, aсo tras aсo, de mayor nъmero de seres humanos muertos, enfermos, encarcelados, perseguidos, marginados, prostituidos, camellos de poca monta, policнas y militares corruptos, inductores arrepentidos, trabajadores sociales y sanitarios frustrados, y un largo etcйtera de miserias.



En lo que respecta a las soluciones, Francisco Ayala, narrador y crнtico espaсol, publicaba en El Paнs, el 18 de agosto de 1988, un artнculo, titulado La droga, entre la moral y el derecho, que concluнa asн: Una cosa es evidente: la despenalizaciуn, si hubiera de efectuarse, tendrнa que llevarse a cabo de manera coordinada en todas partes. Decretada por un solo gobierno, convertirнa de inmediato al paнs correspondiente en depуsito franco para el comercio de la droga y centro de atracciуn de sus adictos. Serнa, pues, indispensable poner en prбctica de forma conjunta y concertada, quizб paulatina, acaso oficialmente controlada, la liberaciуn de su venta. Pero ello requiere un acuerdo firme entre los gobiernos de los paнses afectados, y de modo principal Estados Unidos. Mi impresiуn, segъn veo las cosas, es que de ellos tal vez pueda partir tambiйn la iniciativa para rectificar el funesto error cometido cuando se quiso convertir al poder pъblico en guardiбn de la moralidad privada.



El mismнsimo Gabriel Garcнa Mбrquez, en su Manifiesto a favor de la legalizaciуn de las drogas (Cambio 16, 29 de noviembre de 1993), apuntaba que la polйmica sobre la droga no deberнa seguir atascada entre la guerra y la libertad, sino agarrar de una vez al toro por los cuernos y centrarse en los diversos modos posibles de administrar la legalizaciуn. Es decir, poner tйrmino a la guerra interesada, perniciosa e inъtil que nos han impuesto los paнses consumidores y afrontar el problema de la droga en el mundo como un asunto primordial de naturaleza йtica y de carбcter polнtico, que sуlo puede definirse por un acuerdo universal con los Estados Unidos en primera lнnea. Y, por supuesto, con compromisos serios de los paнses consumidores para con los paнses productores. Podemos encontrar, a su vez, una interesante propuesta de acciones concretas encaminadas a la regulaciуn de las sustancias ilegales en el portal de Internet Politicadedrogas.info, donde Santiago Tena presenta un mйtodo formal la planificaciуn estratйgica para intentar objetivar la respuesta ante el creciente uso de drogas ilegales, esbozando un posible plan de acciуn de alto nivel para cubrir la misiуn de preservar la salud pъblica.



Queda clara, pues, la necesidad de dar pasos en el sentido contrario a la represiуn que se viene fraguando en la actualidad, que debe tratarse de una acciуn conjunta por parte de varios Estados, y que la iniciativa habrнa de emanar de la primera potencia mundial. Como es muy poco probable que la patria del puritanismo reconozca su fracaso, quizбs haya que esperar a que la situaciуn caiga por su propio peso, o a que la presiуn por parte de los consumidores obligue a rectificar. No se puede bajar la guardia. Como afirmaba, a modo de colofуn, Martнn Barriuso en el seminario internacional Exploring Global Prohibition Regimes. The Case of Dangerous Drugs, organizado y celebrado en The International Institute for the Sociology of Law, de Oсati (Guipъzcoa), del 20 al 22 de junio de 2001, la prohibiciуn goza de buena salud [], pero eso no significa que las cosas no puedan cambiar. La experiencia de los ъltimos aсos muestra que es posible poner en marcha programas novedosos de reducciуn de riesgos y abrir nuevas vнas legales para la normalizaciуn, mediante la presiуn a escala local, permitiendo cambios descentralizados, discretos y efectivos. Ello exige un fino anбlisis de las estructuras de poder en materia de drogas en cada regiуn, una estrategia clara y realista para enfrentarse a las mismas, mйtodos de acciуn flexibles y audaces y, sobre todo, mucha imaginaciуn. El movimiento de oposiciуn a la barbarie prohibicionista se juega el tipo frente a una estructura de poder compleja y bien defendida, dirigida por mentes lъcidas, armadas de informaciуn ingente y un adecuado nivel de cinismo e hipocresнa, pero cuya principal debilidad es la de llevar demasiados aсos jugando en un tablero trucado y con el бrbitro comprado. Esa misma naturaleza vetusta, ese carбcter mastodуntico, es el talуn de Aquiles de la prohibiciуn de drogas, un muro ciclуpeo cuyas piedras tal vez nadie pueda derribar de momento, pero por cuyas grietas pueden llegar a pasar muchos, a condiciуn, eso sн, de que sean lo bastante flexibles.



Quien desee ampliar informaciуn puede encontrar una amplia selecciуn de textos, artнculos y titulares de prensa relacionados con el asunto, desde el aсo 1900 hasta nuestros dнas, en la pбgina web del infatigable investigador histуrico Juan Carlos Usу: Mundo Antiprohibicionista (http://perso.wanadoo.es/jcuso/).





DOMINGO SACRISTБN, Igor (2006): Manifiesto psiconбutico. Enteogenia. Revista libre de cultura y estudios psiconбuticos, n.є 1, mayo-junio de 2006.


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