Andrea Comi wants to:

Recogida de firmas por los Derechos de los Animales y contra las Corridas de Toros, en España



MANIFIESTO EN FAVOR DEL RECONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES Y LA ABOLICIÓN DE
LAS CORRIDAS DE TOROS EN ESPAÑA

Los animales han sido considerados, hasta ahora, como objetos o juguetes, negándoles cualquier
semejanza con nosotros. Ello se debe a nuestro ?fascismo? de especie, que concibe al ser humano en
guerra permanente de explotación y exterminio sobre el resto de los seres vivos, convirtiéndolos en
inferiores a nosotros y representándolos como seres que no sufren.

El intento de crear una jerarquía entre los seres vivos no sólo nos ha llevado a la separación
radical entre animales y humanos, sino también a clasificar, de manera excluyente, entre los mismos
seres humanos, por razón de género, etnia, clase social o discapacidad. Y lo que la conciencia y la
ética ecológica nos plantea es, precisamente, lo contrario: que la cooperación de la biodiversidad
de especies es lo que hace posible que la vida, y en concreto la de nuestra especie, exista.
Excluirnos y crear esta oposición entre especies es lo que ha conducido a la crisis ecológica y a la
puesta en peligro de nuestra propia subsistencia como individuos humanos. No hay ninguna
contradicción entre los intereses de subsistencia de las especies entre sí, sino sólo entre
individuos de algunas especies.

Somos parte de un continuo biológico y evolutivo y, por tanto, no existe ningún abismo ontológico
entre la especie humana y las restantes especies. Si consideramos que la naturaleza, toda, incluidos
los animales, está ahí como cosa disponible, para que hagamos con ella lo que a nuestro capricho se
le antoje, entonces estamos asentados sobre la base ideológica que ha conducido a la crisis
ecológica del planeta. No se puede pensar que existe un abismo insuperable entre animalidad y
humanidad. No se puede negar la fraternidad entre humanos y el resto de la comunidad biótica. Los
seres vivos que nos acompañan en nuestra aventura, en el planeta Tierra, tienen derecho a existir y
a hacerlo dignamente. La crisis ecológica nos ha mostrado hasta qué nivel la coexistencia solidaria
de todas las especies es un requisito fundamental para nuestra propia supervivencia, en armonía. Es
la separación radical entre seres humanos y animales lo que ha conducido al callejón sin salida del
cambio climático, la extinción masiva de especies o la feroz destrucción de bosques y espacios
naturales. La ética ecológica nos abre a una nueva visión del dolor y del sufrimiento, que ha
permanecido cerrada durante mucho tiempo, para gran parte de la humanidad. Los animales sienten y
sufren, y, por ello, deben ser sujetos de derechos.

La gran diferencia que introduce el reconocimiento de estos derechos, con respecto a la lucha común
por los derechos humanos, es que amplía nuestra comunidad moral y genera una nueva fraternidad,
yendo más allá de los límites de nuestra especie. Este es el reto del nuevo cosmopolitismo. Una
nueva fraternidad es necesaria para abordar los retos de la sociedad del futuro. Y, en esa nueva
fraternidad globalizada, el respeto y reconocimiento de los derechos de los animales debe jugar un
papel central. La introducción de los seres vivos en la comunidad moral de los derechos supone un
signo más de civilización, siguiendo la tendencia a expandir el núcleo original de los derechos.
Muchos no comprenden esta propuesta, pero también muchos no comprendían a los abolicionistas de la
esclavitud, o a las sufragistas del movimiento feminista.

En España, el vacío legal en el reconocimiento de los derechos de los animales es tan amplio como el
conjunto de prácticas rituales e industriales que implican muerte, tortura o maltrato animal. Lanzar
cabras desde campanarios; encender bolas de fuego en los cuernos de los toros, hasta su
desesperación, o lancearlos durante horas hasta la muerte; colgar a galgos por el cuello, dejando
que rocen el suelo con los pies, para prolongar su agonía; peleas de gallos o hacinamiento de
animales para el comercio, son sólo unos pocos ejemplos de las crueles prácticas de nuestra sociedad
y también de nuestra ?cultura? : las fiestas ?populares? españolas.

Mención aparte merece la mal llamada ?Fiesta nacional?. Las Corridas de Toros son una representación
cruel y violenta ?que implica el maltrato público, la muerte y tortura de un mamífero, convertida en
espectáculo?, con lo cual debe desaparecer del horizonte de lo ético y legalmente aceptable en
nuestro país. Ninguna sensibilidad mínimamente progresista y compasiva puede disfrutar con la
tortura pública de un animal.

Es inadmisible intentar legitimar esta práctica, con argumentos como la tradición o lo estético, en
una sociedad moderna, pluralista y democrática. Nadie, en ninguna otra situación, admitiría que el
placer estético o la tradición son fuentes de legitimación de acciones que dañan gravemente a otro.
Con lo cual, tampoco es admisible que, con estos ?argumentos?, se intente justificar el daño a un
animal. Ni la tradición ni el arte legitiman moralmente. Como tampoco lo hace el pretexto de
conservar al ?toro bravo?. Los ?toros bravos? no son una especie - a lo sumo son una raza -, y
pueden conservarse, como otras muchas razas y especies, sin necesidad de maltratarlas. La
biodiversidad no depende de la tauromaquia, sino de políticas sostenibles efectivas.

Por todo ello, afirmamos, hoy aquí, en el Congreso de los Diputados de España, que las Corridas de
Toros deben ser abolidas y que ni un solo euro de las administraciones públicas debe ir destinado a
la promoción de dichos espectáculos; porque, en España, no habrá una auténtica cultura de respeto y
protección de los derechos de los animales, hasta que no se haya cerrado la última plaza de toros.

La simple legislación autonómica existente en la actualidad es muy desigual y claramente
insuficiente. Por lo tanto, es necesaria una legislación estatal básica, que implique el
reconocimiento de los derechos de los animales y su efectiva protección, mediante la vía penal y
administrativa. La más que previsible futura reforma de la Constitución debería seguir la senda
abierta por la constitución alemana, y otorgar rango constitucional a los derechos de los animales.
El reconocimiento de los mismos constituye un signo de humanización y civilización que ha alcanzado
una sociedad. Por tanto, la ampliación de la protección de los derechos, a individuos no humanos, se
convierte en un indicador de la madurez y calidad de cualquier sistema democrático.

Por ello, las personas y grupos que subscribimos este manifiesto solicitamos, hoy y aquí, en el
Congreso de los Diputados, casa del pueblo y sede de la soberanía popular, las siguientes reformas:

1. Aprobación de una ley estatal básica de reconocimiento y protección de los derechos de los
animales.
2. Reforma del Código Penal, en la que se tipifique como delito la muerte injustificada, la tortura
y el maltrato animal.
3. Abolición de todo tipo de espectáculos o rituales que supongan el maltrato, muerte y tortura de
animales.
4. Reconocimiento, en el marco de la Constitución Española, de los derechos de los animales.


Madrid, 18 de octubre de 2007, Congreso de los Diputados